Cambio de rasante

Cuando todo empieza por el final, al principio de uno mismo. Allí donde el charco se hace río que fluye con agua sin embotellar. Madrugadas en espera de ventanas que se abren y cierran de par de par.

Las nubes no tapan el cielo, sólo pasean sin rumbo ni cadenas bajo las montañas donde tan pronto llueve como hace sol. Mala idea adelantar en un cambio de rasante, o dejarse crecer la barba en luna menguante… aceptar el cuatro de oros como un simple premio de consolación.

Qué bueno aprender de los libros y sin embargo saber dejarse llevar por uno mismo cuando hace calor. Qué tiempos aquellos, cuando el 15 de septiembre volver a la rutina del colegio entonces nos hacía ilusión.

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