Mi música

Pasaban las estaciones de Antonio Vega y entre tanto Calamaro me enseñó una sociedad secreta, al tiempo que Fito (Páez) me explicaba el significado de aquello tan maravilloso como es dar y recibir. Alejandro Sanz me dijo que las margaritas a veces dicen ‘no’, Quique González la memoria del salitre, Rosana me mostró el camino hacía la otra orilla después de que Fito (Cabrales) me recordase que soy más guapo cuando no me siento feo.

Yo también quisiera, como Pedro Guerra, saber cuándo no se sufre. Puede ser, decía Conchita, que a pesar de equivocarnos una y otra vez, todo volverá a ir bien. Sabina a veces la llama Soledad, a veces Jimena, a veces una cualquiera. Ismael le promete no dejarla nunca sola. Tontxu garantiza tocar el cielo y Serrat le regala la esperanza de días mejores.

Aunque como yo, Jorge Drexler, nunca fue el pianista del gueto de Varsovia, con Ricardo Arjona comprendí que siempre hay una segunda oportunidad para nuestra primera vez.

Qué decir de Aute, pues bien sabe que no puedo vivir sin los latidos de mis musas. Un beso donde les corresponde a todas y cada una de ellas.

Yo esta vez, por ponerle un nombre y completar la rima, a mi última –y favorita- musa esta noche la llamaré, por ejemplo, Georgina :)





ANIMAL

(Luis Eduardo Aute)

Dibuja el paisaje junglas y jaurías
caníbales Light y perros policías...
En vista de que se trata de que el pez gordo
se coma al pez escuálido
y de que el Edén lo pueda devorar
únicamente el rostro pálido...
quítate el vestido, quítate el desnudo
y muéstrame al animal...
Suelta, suelta, suelta
el animal que llevas dentro
y ponte bélica
que es el cuerpo un lobo para el cuerpo
cuando el alma está famélica...

Ánimo animal... cómeme, animal...
Ánimo, animal, ámame...
Mátame animal...
Mi animal.

Y suben los hijos de la Media Luna
buscando espejismos lejos de sus dunas
que abrasan como la sangre que circula
por sus venas faraónicas
y atacan, sedientos, los nuevos vampiros
de la "Ilustración canónica"...
quítate el vestido, quítate el desnudo
y muéstrame al animal...
Suelta, suelta, suelta
el animal que llevas dentro
y ponte bélica
que es el cuerpo un lobo para el cuerpo
cuando el alma está famélica...

El cóndor volaba libre y sin fronteras
mascando las hojas de sus cordilleras
y en eso llegó el Gran Águila del Norte
y puso coto a sus Hespérides
Y la maldición de la Malinche vengará
algún día esa efemérides...
quítate el vestido, quítate el desnudo
y muéstrame al animal
Suelta, suelta, suelta
el animal que llevas dentro
y ponte bélica
que es el cuerpo un lobo para el cuerpo
cuando el alma está famélica...

“Me gusta cuando callas porque estás como ausente / Déjame que te hable también con tu silencio.” (Pablo Neruda)

Una mariposa se encontró a un elefante desorientado en la selva. Se acercó a él y sin mediar palabra se recostó sobre su oreja y le dijo: “¿Por qué no somos amigos tú y yo?

El elefante, que tenía una memoria prodigiosa, no tardó en recordarle que él, debido a su envergadura, no podía estar persiguiéndola constantemente por la selva como hacían los demás animales, en busca de su amistad o la captura de una presa más.

La mariposa se supo sorprendida. Enmudeció en un profundo silencio compartido con el elefante durante algunos minutos, hasta que de repente dijo: “No puedo quedarme más tiempo, debo marcharme.”

El elefante asentó, con cierta tristeza, no sin antes preguntar: “¿Y qué haremos ahora con la poesía?”

Buena pregunta, respondió la mariposa.


POEMA XV

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Pablo Neruda.

“Como tantas madrugadas encerrados en un coche,
en una calle sin luz, una calle sin nombre,
los dos frente a frente se miran despacio,
tras dedicarse al amor y su trabajo.
Secan su sudor, secan su sudor,
tal como han aprendido, no han olvidado.” (Ismael Serrano)



Él se levantó y tomó el desayuno como cada día. En la radio sonaba Jon Secada y sobre la mesa un artículo del periódico le llamó la atención: las leyes del éxito. Se identificó con él. Con las leyes de Entrega, Desapego y el Dharma.

Había sido un fin de semana intenso. Pero como rezaba el artículo, era pasado y por lo tanto no tenía evolución alguna. Vivía el presente, pues el futuro aún estaba por llegar y nadie sabe lo que puede deparar. Tampoco cabían más preguntas a un principio de incertidumbre que llegó con la cosecha del 2001, por más que quisiera encontrar respuestas.

Aprovechó el día lo mejor posible: eligió a la soledad antes que ésta le eligiera a él. En algún momento de su vida descubrió que no por hacer muchas cosas se sentía mejor que en esas noches de compañía y conversación, que esos pequeños momentos en soledad, meditación y reflexión.

A unos cuantos kilómetros una casa despertaba impoluta, con la ropa planchada en el armario y las ventanas abiertas de par en par. Ella tenía dibujada la sonrisa en su rostro, la mirada perdida en la oscuridad de la noche, la incredulidad al mirarse ante el espejo. Dobló el periódico mientras suspiraba: “Siempre las mismas noticias”.

Nada fue ni será para siempre, aún cuando de vez en cuando se rompan promesas, normas o tradiciones. Cada vez que suene Etta James, me acordaré de ti. Mientras tanto seguiré con Luís Eduardo Aute, mi fiel compañero de viaje.



¿Quién eres tú?

De qué espacio sideral desconocido,
de qué tiempo que ya fue o aún no ha sido,
de qué lluvia de planetas has caído
proclamando un "aquí estoy porque he venido"...
Que aunque no se trate de pedir permiso
por pisar el mismo vértigo que piso,
no se apunta a un corazón sin previo aviso
tan de pronto y disparando tan preciso...

Quién eres tú...
Quién eres tú,
Prodigio o vudú...
Quién eres tú
ensueño o tabú...
quién eres tú...

Cuando ya no queda más que ese momento
en que comienza a repetirse el argumento,
apareces de repente, con el cuento
de que no hay historias... sólo sentimientos
y me invades con palabras como besos
inundándome con pájaros, los sesos
Qué difícil intentar salir ilesos
de esta magia en la que nos hallamos presos...

Te aseguro que no quiero hacerme el fuerte,



¿Derecha o izquierda?

Derecha o izquierda… más que un voto, menuda papeleta. Todo va bien…

Qué buen rollo, todo vuelve a la normalidad. Derecha o izquierda, ¿qué más da?

Derecha o izquierda; entre la sonrisa de el Everest y el K2 sólo se diferencia la apariencia de un color. Y en medio… en medio, feliz y contento, resucito entre risas y dolor.

Derecha o izquierda… cómo si de la pregunta pudiera ser partícipe yo, y mi respuesta… mi respuesta se divide entre dos; ¡Qué par de dos!

No siempre están de acuerdo los labios y el corazón. (Pietro Metastasio)


Érase una playa, y en la playa estaba una mujer. La mujer tenía unos hermosos labios, sus labios hablaban pero era el silencio de su mirada el que se hacía entender.

Érase un coche, y en el coche dos adolescentes. Él tiraba la primera piedra, ella se dejaba querer.

Érase el séptimo cielo; incienso, velas y piedras. Los dos estaban nerviosos, el horno a punto de arder.

Érase una noche laborable, dos corazones delante de María Callas y una taza de té. ¿Quién se ha muerto por ir sin dormir una vez al trabajo?

De la noche a la mañana todo cambió, y fue a partir de entonces cuando empezó lo mejor de la relación.

La felicidad era esto

“La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora”. (José Ortega y Gasset).


Me he dado cuenta que la felicidad no son las trufas, Sandeman o el licor de canela; la felicidad es el detalle de acordarse de alguien; una perfecta ecuación matemática en la que la voluntad de uno suma la felicidad de dos.

Resulta que la felicidad era esto. Esa copa de más que abre ventanas y da rienda suelta a la imaginación. La inmediatez de lo efímero, la sensatez ante lo eterno, la rueda del coche protestando sobre las aceras.

Mirar las fotografías –aún- con esa incredulidad, el brillo en la mirada, los suspiros de la mejor de las tardes primero, noche después, y mañanas por llegar. Y a todo esto, Barcelona a nuestros pies… observándonos, disfrutando de la velada.

“Se cayeron mis alas y yo no me rendí, así que ven aquí… brindemos que hoy es siempre todavía, que nunca me gustaron las despedidas”…

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