Ésta es la increíble pero cierta historia de otra generación perdida. No me refiero a los ‘Ni-ni’ de los 90, que según un estudio del Instituto de la Juventud (Injuve) cifra en el 1%, porque cualquier persona adulta con un mínimo de sentido común entiende que el porcentaje real es mucho mayor y esa generación se perdió nada más salir del huevo. Me refiero concretamente a la generación de los 80, que probablemente está siendo la más afectada por la crisis.

Cuando la vida daba un golpe a las generaciones anteriores, ponían la otra mejilla y salían adelante como buenamente podían. Ahora, si la vida le da un golpe a una persona treintañera, lo resuelve con cirugía. La generación de los 90 ha aprendido eso, y ha ido un paso más allá: que además la paguen unos padres que no sólo consienten, sino que lo aceptan como algo normal. Pero hay cosas que no resuelve la cirugía, aunque algunos anuncios publicitarios traten de convencernos de lo contrario, por ejemplo la ética.

Cada día me encuentro con personas de la generación de los 80 con mucha ética, pero pocos recursos y posibilidades. A algunos les ha vencido la depresión y sobreviven en un permanente estado de desánimo, a otros el banco les ha quitado el piso y ahora trata de apropiarse también de su futuro. Los hay que se quejan, aseguran que nadie les informó de las consecuencias, pero –por ahora- ninguno declara haber firmado la hipoteca bajo amenaza.

En Francia, Gran Bretaña o en EEUU la dación es lo normal en casos extremos: el banco se queda el piso y el deudor recupera su independencia económica. En España no: aquí si no pagas la hipoteca, te quedas sin piso y con una deuda económica, que se estipula entre la cantidad total de deuda y lo recuperado por el banco en la subasta. Y si no puedes asumir la deuda, te embargan la nómina prácticamente de por vida. Es decir, un chollo para el banco (la banca siempre gana) y la ruina para los ciudadanos, que desde ese instante no podrán acceder un piso de alquiler, por figurar en los archivos de morosidad, y se verán obligados a alquilar un habitación en un piso compartido, en el mejor de los casos.

Cuando han preguntado a Zapatero por este tema ha dicho que la dación pondría en riesgo el sistema financiero… ¿pero qué ocurre con el drama humano, de tantas personas que viven ya por debajo del umbral de la pobreza? Todavía hoy, los bancos siguen obteniendo beneficios multimillonarios un trimestre tras otro. Por suerte –y por necesidad- ya ha comenzado la iniciativa legislativa popular por la dación en pago, propuesta que necesitará conseguir el apoyo de 500.000 firmas en nueve meses para llevarla al Congreso. A partir de ahora se trata de que cada una de esas personas que firme se convierta en un optimista profesional, sobre todo si está en paro y tiene tiempo libre: no es suficiente con firmar un documento y esperar, hay que actuar desde el pensamiento de uno mismo y visualizarlo, para poder atraerlo. De esto sabe mucho Emilio Duró, un optimista profesional nato cuyas ponencias recomiendo escuchar, ver y reflexionar, a la mayor brevedad posible. No se arrepentirán.

http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/68879/la-verdadera-historia-de-una-generacin-perdida

Estamos amparados por el derecho constitucional a la vivienda, eso dicen. Las personas de mi generación se lo creyeron y, sin preguntarse si ese derecho contemplaba la opción de la propiedad, se lanzó a comprar pisos como el que se compra unos zapatos nuevos. El negocio inmobiliario ofreció prosperidad a todo el mundo durante una década: inmobiliarias, tasadores, bancos, prestamistas, cobradores de deudas y particulares. Por este orden, de mayor a menor beneficiado económicamente.

Hace diez años era relativamente sencillo encontrar trabajo. También era habitual encontrar parejas estables, que poco o nada sabían entonces de procesos judiciales: de divorcio primero, de ejecución hipotecaria después. Todo era tan sencillo como pasear por una calle, detenerse ante el escaparate de una inmobiliaria y con una mirada cómplice entre ambos llegar al pensamiento único que ha arruinado a tantas personas en la actualidad: ¿Por qué tirar el dinero en un alquiler cuando podemos tener algo propio? No se equivocaron: esas personas acertaron, y ahora tienen una enorme deuda; propia, eso sí.

El día que encontraron el piso donde querían compartir su vida comenzó a desencadenarse una estructura piramidal de comisiones sin fin: el comercial que enseñó el piso; el dueño de la inmobiliaria, que pagó al comercial; el tasador del banco, que ayudó a cuadrar los números y generar los ingresos necesarios para que todo el mundo se repartiera el pastel; el director del banco y su propia estructura piramidal interna, que hizo la vista gorda cuando no debía hacerlo; la empresa de reformas que dejó el piso tal y cómo querían los nuevos propietarios; el decorador, el vendedor de muebles y algún que otro experto en Feng Shui que colaboró en la orientación de los mismos. Y por supuesto, para darse un pequeño capricho, un coche nuevo a juego con el piso. Todo incluido en la misma cuota, a pagar en 30 años que se refinanciaron varias veces, hasta hoy.

Entonces llegó el paro, y ya se sabe que cuando la pobreza entra por la puerta el amor salta por la ventana. Y más gastos: el abogado, la pensión de los hijos, la empresa de recobros que te llama cada día, reclamando las deudas que no has tenido más remedio que coleccionar. Eso si tienes suerte, porque algunas empresas de recobro de deudas cuentan con gestores con métodos más que cuestionables: como una de Madrid, cuya política consiste en acudir personalmente y amenazar al moroso con tirarle por la ventana. El dueño de esta empresa ha sido detenido esta semana por agresión.

Tenemos, dicen, el derecho constitucional a la vivienda entre otros muchos. Parece que vivimos rodeados de necesidades tecnológicas, derechos como el de vivir por encima de nuestras posibilidades, sin ninguna previsión de futuro. Sin embargo, pocos son los que aceptan sus obligaciones y todavía menos los que las asumen primero, y las cumplen después.

Posiblemente también tenemos que reclamar la obligación a tener un derecho constitucional a la deuda, y nadie nos lo había explicado antes. En ese caso, ¿a quién le tocará pagar las costas?

http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/68574/derecho-constitucional-a-la-deuda

Tres días de lluvia

Me levanto a las 5 de la mañana para ir a un trabajo, por la tarde tengo otro. Entre los dos me paso un mínimo de 12 horas trabajando y otro par en diferentes transportes públicos. A final de mes el gasto diario en dietas es superior al apetito que tengo, y colecciono letras que no consigo pagar. Tengo tres hijos, aunque ninguno es mío, una mujer y una amante bisexual que compartimos cuando a alguno le duele la cabeza, y un piso que no podemos permitirnos pero que consideramos necesario que el resto de la gente piense que sí. El banco, que no piensa, lo reclama. La familia nos reclama atención, los amigos compartir su tiempo, y precisamente tiempo es lo que me falta.

En realidad mi vida no tiene nada que ver con todo esto… y sin embargo yo me siento triste y apagado después de tres días seguidos lloviendo.

El lujo en la basura

Se trata de optimizar los recursos, de ganar tiempo al tiempo y contentar a todo el mundo: a la pareja en casa, al jefe en el trabajo y a tu círculo de amistades y familiares. Las redes sociales se han convertido en un buen recurso para aglutinar todo el tráfico de información y ofrecer un poco de ti disponible al alcance de todo el mundo… ¿pero realmente se optimiza tiempo publicando lo mismo en diferentes sitios?

Si tienes una cuenta en Facebook, tarde o temprano la tendrás también en Twitter. Según tu edad, o la perversión mental, además estarás presente en Tuenti. Si estás buscando trabajo, tu presencia es casi imprescindible en Xing o Linkedln. Y si lo tuyo es buscar nuevas relaciones interpersonales, el abanico de posibilidades es infinito. Cuando de repente aparezca el estrés y un suspiro te detenga el ansia de comunicarte a través de un teclado, será el momento de actualizar tu estado y nuevas fotografías en todas y cada una de las redes sociales. Eso, dicen, es optimizar el tiempo en estos tiempos.

No termino de entenderlo. Como dijo Fito Cabrales, ‘lo que admiro son las flores que crecen en la basura’. Tal vez por ello, según una encuesta que se acaba de publicar, el 40% de los trabajadores tiene estrés, como el 50% de los empresarios. Con estos números, casi parce más feliz la gente que está en paro, y cuanto menos es curioso que estos datos los firma además Eroski Consumer.

El trabajo ya no es lo que era. Hace no mucho tiempo teníamos el derecho a quejarnos y hoy disfrutamos la obligación de claudicar. Ser mileurista es ahora un lujo que no todo el mundo puede permitirse; un contrato basura es toda una garantía para el futuro más inmediato. Uno, por trabajar, acepta incluso trabajar desde casa… con lo difícil que ha sido siempre separar el trabajo de la vida personal. Si el futuro está en el teletrabajo, ¿qué ocurrirá con los amores furtivos de oficina? Por ahora sigue imponiéndose el clasismo en la selección de personal, así que tal vez el futuro sólo sea para personas toscas, sin presencia ni don de gentes.

Hoy en día se va a trabajar con alegría desde el lunes, y si es necesario se hacen horas extra –y gratuitas- el sábado. El cuento ha cambiado, hemos pasado de fingir a adaptarnos y atrás quedan las caras de tristeza y resignación en el trabajo, que ahora son más frecuentes en los pequeños comercios: esos empresarios cuya libertad laboral no deja de ser relativa, y donde los clientes de toda la vida acuden ahora en masa a las grandes superficies. La sonrisa hipócrita del comerciante, que aumenta o disminuye según el interés del cliente por sus productos, ya no convence; hoy el precio manda. La amabilidad y los halagos se regalan por Internet; a pie de calle ya sólo sobreviven las tiendas que aportan nuevos conceptos, y los de primera necesidad: bares, estancos, loterías, etc.

Aquí se trata de valorar cantidad en lugar de calidad, de oír sin necesidad de escuchar. ¿Qué importa cualquier lado positivo si es más fácil identificarse con lo negativo, que siempre une y vende más? La solución es lo de menos, el problema siempre será lo más importante.

Ahora que tenemos más herramientas que nunca, cuanto más intentamos optimizar nuestro tiempo más presos nos convertimos de nuestra propia libertad.

http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/68219/el-lujo-en-la-basura

Con el agua al cuello

Vivimos tiempos difíciles, como siempre. La diferencia es que hasta ahora no se llegaba a final de mes, y ahora cada vez más personas rozan el umbral de la pobreza desde el día 1.

Comprendo la preocupación de Occidente por la situación de Libia… la situación económica, por supuesto. Por lo visto el petróleo está por las nubes, como debe estar el alma de las personas que están muriendo y de las que se habla un poco menos. Por entender, puedo hacer un esfuerzo y aceptar que en España se haya tomado la decisión de reducir en 10km/h la velocidad máxima en autopistas y autovías… aunque probablemente el gasto que genera cambiar todas las señales sea superior a lo que presumiblemente ahorraremos, pero entiendo que hay que desviar la atención.

El Gobierno no se puede permitir que la población piense, reflexione y actúe. ¿Qué en España hay 1,1 millones de desempleados que no cobran ninguna prestación? Aparece un estudio de Funcas (Fundación de Cajas de Ahorros) donde se explica que Hacienda deja de recaudar cada año unos 30.000 millones de euros en cuatro millones de empleos no declarados. Entonces, uno se pregunta cuánto recaudó Hacienda en los años de bonanza, gracias a la misma economía sumergida que ayudaba, con el consentimiento de bancos y cajas, a facilitar las hipotecas.

En los últimos meses hemos dejado de ir a los bares, esa costumbre tan española, y mientras los fumadores y hosteleros lo achacan a la prohibición del tabaco, nadie se acuerda que la crisis y que los parados han dejado de cobrar la prestación de ayuda familiar de 426 €. Ya no existe como tal, ahora hay una nueva, con muchas más restricciones, sí, ¿pero qué ocurrirá con las personas que están con el agua al cuello y no pueden acceder a ella?

Vivimos tiempos difíciles, no ya por el presente sino por el futuro inmediato. Seguimos líderes en consumo de cocaína y nuestros adolescentes son campeones europeos en alcoholismo. Si además añadimos que el fracaso escolar aumenta, la crispación política aumenta, como los robos en comercios y domicilios, y la televisión no parece tener límites (El Programa de Ana Rosa lo ha vuelto a demostrar recientemente), ¿qué nos queda?

Comprendo que nos preocupe tanto la situación de Libia; somos incapaces de preocuparnos por nuestra propia situación, más allá de los intereses personales si ello conlleva algún tipo de esfuerzo. Nos queda la esperanza de que pase la crisis… que pase sola, claro.

http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/68027/con-el-agua-al-cuello

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