Un día casi perfecto


Hace bastante tiempo que aprendí a dejar atrás el miedo de viajar solo a cualquier lugar desconocido; la vergüenza de no compartir con nadie el desayuno, una comida, una copa en buena compañía.

Desde entonces y hasta hoy, por contrapartida, disfruto como un niño con esos pequeños detalles que giran a mí alrededor, aquellos que a otras personas se les escapan entre la prisa y el estrés que les persigue incluso cuando están de vacaciones. Hoy, sin ir más lejos, sin haber hecho nada especial, ni haber visitado ningún lugar turístico de esta maravillosa Mallorca, ha sido un día casi perfecto.

No hice otra cosa, además de pensar en ti, que pasarme tres largas horas al sol en la playa de Son Moll. Después, una paellita en la terraza del paseo marítimo (precioso), y después de dar un paseo por la zona comercial y comprar algunos recuerdos, otra horita más de sol, esta vez en la piscina del hotel. Desde entonces y hasta ahora, escribí no sé cuánto, y aquí sigo… haciendo un inciso, enviándote un abrazo.

Como te decía, hoy ha sido un día casi perfecto; sólo faltabas tú


Un beso y una flor


Hoy es un día para las parejas. Un día comercial para las parejas que se quieren lo justo y necesario puedan demostrarse, una vez al año, que se quieren mucho; muchísimo.

Hoy es el día en que se factura un alto porcentaje en las ventas de rosas y libros de todo el año. Rosas que marchitan, como los recuerdos, en apenas unos días; libros que nunca se llegan a leer. Es, al fin y al cabo, otro día comercial de lo que un día empezó siendo una bonita tradición. Y es que sólo unas pocas personas saben del amor, además de aquellas que no tienen pareja y regalan rosas o libros por placer y no compromiso, aunque el presente no les pertenezca.

Con los años uno aprende que el amor puede expresarse de muchas maneras; el beso apasionado de tu pareja, el abrazo de un ser querido, las margaritas por sorpresa de un buen amig@.

Cada persona, con sus virtudes y defectos, es un mundo. Un mundo en el que se debería investigar con más profundidad de la habitual, pues muy a menudo resulta más interesante aquella persona que menos lo parece. Acostumbrados como estamos a la carne, lejos de la piel, a la risa alejada de la sonrisa, cada día se hace más difícil conocer a las personas que van con mucha prisa entre el gentío.

Hay que tener clara una cosa: sólo tenemos una vida, al menos a ciencia cierta. A partir de ahí, cada uno elige su forma de vivir. Habrá personas más o menos dependientes, más o menos necesitadas de cariño, de apoyos, de necesidades fí-psico-intelectuales, preocupadas de buscar y/o encontrar una pareja, un compañer@, un amig@.

Habrá, cómo no, personas que dediquen más tiempo de su vida en pensar y controlar la de los demás, pero la misma vida pone, tarde o temprano, a cada uno en su sitio. Así que desde mi pequeño rinconcito te mando un abrazo bien grande, y que no te falte nunca el beso de quien aprecias, una flor para regalar a alguien, y un libro que leer.


El pasado fin de semana fue para mí, de lejos, el mejor en mucho tiempo. Organizar una cena para 40 personas no es sencillo, aunque siempre se agradece que haya personas que se ofrecen a facilitarte el trabajo y echarte una mano. Al final conseguimos sentarnos los 40 en el restaurante, pero eso no fue lo más sorprendente.

Después de la cena, las risas, las fotos y las despedidas de los que al día siguiente madrugaban (conste que yo tenía la intención de empalmar pero al final no pudo ser), se sumaron más personas a las copas, y lo sorprendente fue conseguir meter a 43 personas dentro del Pipiolo, que no se caracteriza precisamente por ser un local muy grande. Entramos, vaya si entramos. Y con las canciones de fondo, más copas, risas, guerra de kilos y las fotos que nunca falten para reflejar el buen rollo y el rato tan agradable que pasamos.

Para terminar, como siempre últimamente, Velvet. Al principio sólo fuimos cuatro, entre los que se marcharon a casa, a otra discoteca o se quedaron en el Pipiolo hasta que cerró, pero en apenas media hora ya nos habíamos juntado otra vez más de diez personas y más de uno terminamos descamisado… pasándolo genial.

Como no podía ser de otra forma, a esas horas, faltaban los churros con chocolate. Y una vez más, cayeron. Y aunque de camino al metro todavía nos planteamos la posibilidad de ir a la caminata de Garraf, decidimos que lo más sensato era recuperar las agujetas que empezaban a notarse del tenis; sabia decisión, aunque me hubiera gustado ir al menos a la butifarrada. La próxima vez iré.

Gracias a tod@s los que vinisteis; a los del tenis el sábado por la mañana y a los de la cena el sábado por la noche.

Días extraños

“Puede ser que la respuesta sea no preguntarse por qué” (Fito y Fitipaldis)

Hace tres días que no escribo nada. Después de un gran fin de semana, totalmente improvisado, el calendario sigue su curso sin tregua alguna. Hace ya un mes que no dejo de sonreír y conocer cosas de mí mismo, buenas y malas, que si bien ya estaban ahí, van saliendo y madurando poco a poco. Estoy disfrutando como nunca, de todas y cada una de ellas.

Hay días extraños, de esos que te levantas de la cama sin muchas ganas. Días en los que te rodeas de gente alegre y feliz, pero un pequeño gesto, detalle o mirada, te entristece un poco… lo justo hasta que otra mirada te regala una sonrisa o un abrazo. Días en los que te preguntas cosas que no tienen respuesta ni sentido, y sin embargo encuentras respuesta a preguntas que nunca antes te hubieras planteado.

Hay días extraños en los que cuando te apetece mucho hacer algo, y hacerlo con alguien, esa persona te llama de repente a última hora para hacerte sonreír de nuevo. Y uno termina cantando en público en un local donde voy hace años y nunca antes lo había hecho. Y fluyo… y me siento bien. Tan bien…quizás demasiado.

En apenas un mes he organizado buena parte de los viajes que quiero hacer. He encontrado pareja de baile para aprender salsa. He conocido a un grupo de personas enorme… y he conocido también a una persona muy especial. ¿Qué más se puede pedir?

Por eso intento transmitir esa felicidad, que cuando llega hay que aprovechar y vivir al máximo, a todas esas personas que conozco, y especialmente las que últimamente están muy cerca de mí de una forma u otra. Mientras escucho esta canción he recordado que una de estas personas ayer no tuvo un buen día, y desde aquí le deseo que hoy le vaya mucho mejor… y sabes bien que puedes contar conmigo, aunque no siempre opinemos lo mismo. De eso se trata, en parte, la amistad… de complementarse.

Un beso enorme, y un abrazo aún mayor.

Tan deprisa

"Iba tan deprisa que no te vi pasar
tan deprisa que no veía nada,
tan deprisa que me perdí el paisaje
y la belleza que me rodeaba.”
(Jarabe de Palo)

Paseo por la Diagonal y observo cuan diferente es una misma ciudad, partida por dos, y dividida entre toda su gente; mujeres anoréxicas que presumen con orgullo su talla, hombres con traje y corbata que miran por encima del hombro, pijos de postín que interpretan su papel. Y todos están solos y solas. Mucha gente sola tomando un café en los bares y terrazas.

Llego a Francesc Macià y mientras echo de menos el Pokin’s, me hago una pregunta: ¿Qué hacía un sitio como ése en un lugar como éste?

A partir de ahí la ciudad es otra. La Diagonal es la única calle de Barcelona que une y divide por unos metros a los ricos y los pobres, pero desde Francesc Macià huele diferente. A partir de ahí hacía el centro, todo es tráfico y polución... atrás queda el agradable olor que desprende la hierba cuidada en las zonas comunitarias de los edificios más selectos.

Sin embargo toda la Diagonal tiene un nexo en común, de igual modo que con el resto de la ciudad; las prisas. Hay muchísimas personas con prisa; los peatones en los pasos de cebra, los conductores en los semáforos, los ciclistas… por todas partes. A medida que uno se adentra en la ciudad, encuentra más gente con prisa a su alrededor.

He observado que todo el mundo vive deprisa, camina deprisa, y sin embargo son pocas las personas que llegan puntuales a sus citas, sus compromisos. Hoy, mientras observaba y reflexionaba, recordé que alguien me dijo un día que el que va con prisas en la vida puede llegar a tiempo, pero el que va despacio llega siempre más lejos.

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