Ayer planté un árbol

La vida es muy peligrosa, no por las personas que hacen el mal, sino por los que se sientan a ver lo que pasa. (Albert Einstein).


Hay un refrán que dice “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”, y es de lo más cierto. Los años pasan para todo el mundo, aunque algunos lo aprovechan mejor que otros; cada uno a su manera, a su modo. Cada uno con sus propios intereses o apetitos.

Tenía entendido que cuando una persona dice una cosa al mismo tiempo que piensa otra, era hipócrita. Lo que desconocía, y es que de todo aprende uno, es que también se puede decir la misma cosa que se piensa, pero actuar de forma contraria. Como no tengo estudios de psicología, me limitaré a definir como ‘mala’ a esa clase de personas. Y es que nunca creí que la hipocresía y maldad pudieran ser tan hipócritas y malas, a veces, cuando en el intento de exaltar la inteligencia aflora toda su ignorancia. Pero ya se sabe que perro viejo no ladra a tocón. Por suerte he aprendido a tiempo, a perder el menor tiempo posible con personas de esta estirpe.

Los dobles sentidos y sarcasmos me encantan, cuando se dicen con un tono de broma y para reírse de uno mismo, en todo caso. Cuando se dicen con maldad y un profundo cinismo, desconocimiento completo de causa y además se hace en persona con ánimo de incomodar y reírse de él, es a mí a quien le produce la risa, y la pena. Risa porque esa clase de personas me recuerdan a los compañeros de mi etapa de colegio, y pena porque supongo que hay que sentir una soledad muy grande al llegar a casa para comportarse así, con personas que sólo tratan de conocer gente que aparentemente son buenas personas. El problema está en que según la ley natural y no escrita de la vida, las personas mayores deben conocer y corregir sus defectos y errores; esos que probablemente les han hecho llegar a la situación personal en la que se encuentran. Cuando no los han corregido, uno debe pensar que desconocen cuáles son, o que los conocen muy bien y no piensan en cambiarlos, porque ya les va temporalmente bien así, o sencillamente disfrutan con su forma de ser. No sé qué me preocupa más.

Hay personas que invierten demasiado tiempo de su vida pensando y preocupándose de lo que hacen otros con la suya. El problema no está en lo que buscan los demás para su vida, sino en lo que se convierte uno mismo. Se puede opinar, sin criticar, pero nunca se debe juzgar sin conocer siquiera a la persona, y mucho menos controlar la vida de nadie; salvo a quien le interese que controlen la suya, pues aunque entre el interés y el apetito hay mucha diferencia, cada uno es de su padre y de su madre.

Personalmente me quedo con la gente que va de frente y mira a los ojos cuando habla, y los que además escuchan cuando te miran. Las personas que sonríen hasta cuando se enfadan, te hablan cuando algo les sienta mal y no callan, esperan y te la guardan. Me quedo con la gente que sabe usar un teléfono mejor que un puñal, pero sobre todo, me quedo con toda la gente que he perdido a lo largo de mi vida prestando más atención y tiempo a personas equivocadas.


Ayer planté un árbol en un lugar precioso de Manresa, rodeado de malas hierbas alrededor y frente a un puente que estaba en medio de un bonito paisaje. Ya he plantado un árbol y he escrito libros; me falta un hijo, pero visto lo visto, es algo que tendrá que esperar.

Os dejo unas frases que he encontrado y le servirán para pensar y reflexionar, a aquellos que deseen hacerlo:

Estamos más interesados en hacer creer a los demás que somos felices que en ser felices por nosotros mismos.

Las mentes mediocres rechazan todo lo que va más allá de su entendimiento.

El hombre emplea la hipocresía para engañarse a sí mismo, acaso más que para engañar a los otros (Jaime Balmes)

No estarás sola

Sigo con mi habitual racha de conocer los mismos nombres y oficios en diferentes personas. Ayer conocí a Hawwah (Eva en hebreo), una amiga maña que se ha venido a vivir a Barcelona. La conozco desde hace un mes, apenas de intercambiar comentarios en nuestros respectivos blogs. Es la segunda persona que conozco de esta forma, la primera a la que ni siquiera tenía ni necesitaba una imagen para reconocerla. Es el doble de Mai Meneses, sin duda :)

La primera impresión fue excelente… además, llegó puntual. “Se nota que no eres de Barcelona”, le dije entre risas, coincidencias musicales y anécdotas varias. Después de cenar fuimos al Pipiolo; qué mejor local para empezar a conocer la Barcelona más bohemia, la mejor de las músicas. Sé que le encantó. Lo sé porque me lo dijo, y porque se le notaba, algo de lo que me alegro. No podía ser de otro modo, pues siempre que doy a conocer el Pipiolo la gente sale encantada.

Este breve texto es para agradecerte una de las mejores noches que he pasado ahí, sobre todo porque prácticamente todas las canciones que tocaban nos gustaban a los dos, y tú encima te las sabes al pie de la letra. Así que ya sabes, desde ahora tienes un nuevo compañero de conciertos bohemios –los de ayer no fue los mejores, ni de lejos-, y aunque ahora que te conozco personalmente sé y entiendo que no va a ocurrir… nunca, nunca estarás sola en Barcelona, al menos mientras yo esté por aquí.

Mira lo que te canta Ismael. Los sueños a veces se cumplen. Siempre se cumplen, cuando uno se lo propone, te digo yo que sí.

Ayer

Porque también tenemos derecho a estar tristes de vez en cuando, forma parte de la felicidad. Uno aprende a valorarla mejor cuando se ha sentido triste en alguna ocasión.

Porque algunas miradas tristes esconden mucha felicidad. Porque muchas miradas alegres esconden un gran vacío. Porque, en definitiva, las miradas casi siempre engañan a primera vista.

Y sobre todo, porque escuchar a Rosana con una copa de vino y una buena amiga, no tiene precio. Para todos los demás, os dejo una canción:

Carambola a tres bandas

La Liga se ha puesto más emocionante que nunca, gracias a la constante irregularidad del Barça y Madrid, es ahora el Villarreal el tercer aspirante al haberse puesto a seis puntos del líder, algo que a falta de nueve jornadas en cualquier otra temporada sería una ventaja sustanciosa, pero que en ésta puede pasar cualquier cosa, teniendo en cuenta que los dos primeros todavía tienen que enfrentarse de nuevo, y uno u otro –o ambos- perderán puntos.

El Madrid de Schuster es un fracaso, sobre todo comparado con el Madrid de Capello, al margen de que finalmente conquiste la Liga, el único título del famoso trébol al que aspira. No se la merecen, como tampoco la merece el Barça de Rijkaard, al que se le ha ido de las manos la manga ancha que le dio en su momento a Ronaldinho. Mientras tanto, el Villarreal ha ido haciendo su temporada de forma más regular, con un equipo que no está diseñado para ganar el campeonato y que, de mantener sus estadísticas, puede hacer bueno aquel refrán que dice que “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

Nuestra Liga ha dejado de ser la de las estrellas, y lo ha hecho justo después de varios años en los que Barça y Madrid no eran los únicos equipos que aspiraban a ser campeones. La competición tenía más emoción cuando el Deportivo, Valencia o Sevilla estaban en primera fila, ganando títulos y poniendo en aprietos a los teóricos ‘grandes’. Ahora que es cosa de dos, otra vez, parece que ninguno de ellos quiere ganar esta temporada, y al igual que sucedió el año pasado, es posible que en la última jornada el que vaya líder decida volver a regalar el campeonato.

El principal problema de todo esto es la falta de humildad en algunos casos, el acomodamiento y la falta de competitividad en otros. Pero, sobre todo, la inexplicable (in)capacidad técnica de los entrenadores. En el Madrid, además de fichar sin criterio, no se cuida a la cantera, y De la Red o Arbeloa tuvieron que salir del club para llegar, hoy, a ser internacionales con la Selección. Soldado, por su parte, se quedó en el banquillo esperando una oportunidad, pero apenas le han dado minutos; ni cuando el equipo tenía ganados los partidos, ni cuando necesitaba un revulsivo. En el Barça se cuida y se mima a la cantera, ahí están los ejemplos de Bojan, Iniesta o Xavi entre otros, jugadores que esta temporada han ganado muchos puntos para el equipo. El problema en el equipo azulgrana es de actitud, y jugadores como Ronaldinho han pasado de ser un ejemplo a una mala influencia para los jóvenes, algo que conviene erradicar de inmediato.

Algo sucede este año, tal vez sea el escaparate de la Eurocopa, que los jugadores juegan a medio gas. No se explica cómo un equipo que va líder con nueve puntos de ventaja no sepa conservarlos, ni otro que tiene abiertas todas las opciones en la Champions –y es el favorito para ganarla en las apuestas-, jueguen tan mal, y ni así sepan ganar ya.

http://www.deporte365.com/blogs/index.php?&idDueno=67&idComent=673

La travesía

Se llamaba Soledad y estaba sola, como un puerto maltratado por las olas (Joaquín Sabina).

Durante muchos años vivió en un barco de crucero, uno de esos barcos que se llenan a diario con personas en busca de los destinos más turísticos y comerciales. Trabajaba seis meses al año y nunca estaba sola. Siempre se rodeaba de los compañeros de trabajo, siempre hombres, pues de entre las mujeres que ahí trabajaban era la más guapa y simpática, la que despertaba más envidias. Nunca le faltó un cuerpo que acariciar cuando llegaba la primavera y terminaba el verano. Siempre supo seducir a los hombres más atractivos y ellos siempre le regalaron enormes ramos de rosas, cajas con los bombones más exquisitos y una botella de champagne francés junto a la cual nunca le acompañaban dos copas.

Durante esos meses ganaba más dinero que en cualquiera de sus trabajos anteriores, pero apenas lo gastaba. Ésa era su norma, ahorrar e invertir su tiempo libre en leer libros, escuchar música o ver películas. En el barco tenía mucho ocio del que disfrutar sin necesidad de gastar dinero.

Cuando llegaba el otoño se quedaba sin trabajo. Y durante los siguientes seis meses hasta la próxima primavera, se dedicaba a viajar por el mundo. Siempre lo hacía sola, porque después de muchos viajes frustrados con gente que conoció, aprendió a sobrevivir por sí misma sin depender de nadie.

Durante esas temporadas de otoño, a lo largo de lo años desde que redirigió su vida, jamás se acostó con ningún hombre. Tenía una norma, un sueño -absurdo para algunos-, y era no tener relaciones sexuales con ninguno que únicamente buscase eso en ella. Para eso ya tenía suficiente con los hombres que conocía en el barco y le ayudaban a desconectar del trabajo de vez en cuando.

Cuando conocía a alguien, intimaba pero nunca llegaba hasta el final. Para cerciorarse de las intenciones de cada uno, no había mejor método; si desaparecía, no era amor, y si se quedaba… bueno, ninguno llegó a quedarse el tiempo suficiente para averiguar lo que se debía sentir entonces.

Es por eso que Soledad seguía trabajando en el barco durante seis meses, y los otros seis meses los dedicaba a viajar por el mundo entero, en busca de ese hombre que, una vez encuentre, sabrá darle todo su amor a cambio de su tiempo. Nunca estableció una duración, pero estimó que depende de cada hombre, puede ser entre unos pocos días y muchas semanas, o meses. Ella buscaba un amor verdadero. Un amor casi inexistente.

Pero la última primavera no volvió al barco. Los que la conocían dicen, tal vez, que en alguno de sus viajes conoció a Juan Luís Guerra, y éste, tan sorprendido como ella, le dedicó la canción que muy probablemente le inspiró:

Ayer hizo mucho tiempo de muchas cosas. Hacía mucho tiempo que no cogía un tren, que no me reía tanto y lo pasaba tan bien. Además fue la primera vez que visitaba una feria medieval, y que me juntaba con más de 40 personas.

Después de las previsiones de meteorológicas que amenazaban tormenta para este fin de semana, y tras llover lo suyo el sábado por la noche, Barcelona se despertó preciosa, con un bonito día soleado, un cortado en buena compañía y un montón de gente esperando a otro montón de gente en la parada de tren. De camino a Gerona, la cosa cambió, y a mediodía el día se hizo noche, llegaron los truenos y los relámpagos, y castillo arriba y montaña abajo huimos en busca de un bar para comer. Al cabo de un par de horas el sol volvió a salir, pero los espectáculos ya se habían cancelado, una lástima.

Lo dicho, ayer disfruté como un niño. Conocí gente de lo más agradable, me reí, y como decían en el tren de camino a casa, fluí. Eso sí, acabe destrozado de tanto andar.

Os pongo algunas fotos haciendo el burro.




Doble o nada

Doble o nada a la carta más urgente / sin código, ni tribu, ni proyecto, / mi futuro es pretérito imperfecto, / mi pasado nostalgia del presente. (Joaquín Sabina)

Me gusta caminar entre las nubes, levantar castillos de arena y soñar. Sobre todo soñar.
Me gusta, me gusta volar.

Me gusta ver las cosas diferentes, captar la esencia del ruido en tu silencio, los tormentos de tu desidia.
Me gusta, me gusta observar.

Me gusta jugar con las reglas en la mano, los ojos vendados y la miel en los labios.
Doble o nada; cuando juego, me gusta ganar. Cuando pierdo, lo vuelvo a intentar.

También me gustan las canciones tristes cuando estoy bajo de moral, dar mil vueltas a todo, hablar mucho y escuchar poco.
Me gusta, me gusta sufrir.

Y de vez en cuando me gusta tirarme a la piscina y dejar de escuchar esta canción :)

De ida y vuelta

Ya estamos en plena Semana Santa, con las procesiones y demás. Y yo, como buen ateo practicante que soy, y a falta de una televisión digna en este país, me he puesto al día en todas las series que tenía pendientes. ¿Y ahora qué? Pues eso, ¡más cine y más bares! Desde luego, salgo de malas compañías y me meto en otras peores :)

Menuda racha llevo. De repente me han salido tres compis de viaje, con uno de ellos ya he planeado lo de Polonia. Con otra, el viaje a Madrid de mayo, y mañana seguro que improviso un tercer plan durante el café. Ahora que llega el buen tiempo no pueden faltar las escapadas por Europa, que todavía tengo muchos lugares que conocer, y disfrutar de las ofertas de ida y vuelta tan económicas que encuentro últimamente.

Pero lo mejor es que, parece ser, por fin voy a aprender a bailar salsa. Después del chasco del año pasado, de repente he conocido a tres muchachas con intereses mutuos: una está dispuesta a ser mi pareja de baile, la otra no lo sé. Pero hay una tercera, el comodín viajera-salsera-padelera-senderista-y to’ lo que haga falta, es toda una experta y aún me saldrán gratis las clases, e intensivas.

Pero con lo que de verdad no veo la hora es por ir a Madrid el 3 de abril para empezar a mover mi nuevo libro. Va a ser una situación nueva para mí y estoy muy motivado en ello. Además, sólo con ver la portada va a llamar la atención, porque es genial. Me encanta como está quedando. Está casi acabada, la semana que viene perfilamos los últimos detalles y ahora sólo faltan las ilustraciones.

Llevo dos semanas muy centrado. En el momento que dejé de preocuparme tanto por ciertas cosas todo va mucho mejor. Cada vez que me entra el mono de irme a vivir a Madrid, encuentro al menos una razón para quedarme aquí. La penúltima, plantar un árbol este mes y ver con los años como irá creciendo.

Os dejo una canción de Coti que me gusta mucho:

Ya hace una semana que tenemos la canción que nos representará este año en Eurovisión, ‘Baila el Chiki Chiki’ de Rodolfo Chikilicuatre. Hoy se estrena la versión definitiva, cuya letra ha sido modificada en parte para adaptarse a las normas del concurso.

La verdad es que no termino de creerme que, por fin, acudamos al festival como hacen muchos otros países, con más ganas de reírse del propio acontecimiento que la ilusión por ganar. Desde el 2003 cuando vi al austriaco Alf Poier, me di cuenta que Eurovisión no era lo que había sido, sobre todo cuando el primero de los muchos freakys que desfilaron después, alcanzó la sexta posición final.

Es por eso que este año probablemente no ganemos, como siempre, pero tampoco quedaremos en las últimas posiciones, como ha venido sucediendo últimamente. ¿La broma? de Buenafuente creando el personaje de Rodolfo Chikilicuatre tendrá más mérito aún si consigue ganar el festival. ¿Qué dirán entonces los críticos? Qué el festival de Eurovisión ha perdido la calidad de antaño. ¿Y que decían hasta ahora, cuando decepcionados blasfemaban contra los países del Este? Exactamente lo mismo.

Os dejo el videoclip de la nueva y definitiva canción:


Caminos

Por fin he terminado mi tercer libro. Lo he guardado en un cajón y dentro de una semana haré los últimos cambios antes de ir a registrarlo. Ya he encargado la portada y esta mañana he recibido el primer boceto, y tiene muy buena pinta. Tengo muchas ganas de ver la definitiva, pues será la culminación de un trabajo que se ha hecho esperar más de lo debido, pero ya está aquí.

A partir de ahora se abre ante mí un nuevo camino. En realidad un cruce de caminos: optar de nuevo por la autoedición o encontrar una editorial por el método convencional, o presentar el libro a concursos. Por ahora optaré por la primera parte del segundo camino, y a ver si hay suerte. Siempre habrá tiempo para lo demás.

Hoy veo el futuro con el mismo optimismo que el día que decidí escribir y publicar el primer libro. El proyecto inicial y todos los planes que entonces tracé y se fueron torciendo por el camino, ahora han vuelto con más fuerza si cabe. Acabado el tercer proyecto, ahora voy a retomar la novela que está reposando desde hace algún tiempo, al mismo tiempo que empezaré el que será mi quinto libro, si todo va bien, antes de que termine este año.

Hasta dentro de una o dos semanas no desvelaré el título y portada del libro (algunos ya lo conocéis), pero es tan poético como el verso de un poeta que me encanta, como una declaración de intenciones a aquellas personas que cuando me conocen piensan que vivo de ilusiones sin molestarse en conocerme. Tal vez tengan razón, y dentro de unos años vuelva a calzarme un traje y corbata, y me esperen largas jornadas de un trabajo repetitivo, y un humor de perros cuando me sienta triste y vacío por no haber cumplido mis expectativas. Pero hasta entonces, seguiré luchando por mis sueños, y si no los alcanzó al menos sabré y podré decir que tuve el valor de haberlo intentado. Siempre habrá tiempo para ser como los demás.

Hoy estaba escuchando esta canción de Revólver y quiero compartirla con los que habitualmente me leéis.


Hoy no voy a hablar de política, aunque a buen seguro que las formas de nuestros políticos tengan mucho que ver en lo que transmiten a la gente de la calle. En las últimas semanas sólo se ha hablado de política y ahora volveremos a centrar nuestra atención al deporte o demás temas de conversación. Y una vez hemos votado, las personas dejaremos de ser ciudadanos para volver a ser números y porcentajes en las estadísticas.

Hoy no voy a hablar de la gente que escupe cuando va por la calle, los que te invitan sin preguntar al humo de su cigarrillo, o aquellos que cruzan su destino con el tuyo en las aceras o salen de los portales sin observar. Hoy quiero contaros lo que me sucedió el miércoles, mientras esperaba durante cuatro horas en la sala de espera de un hospital.

Antes de empezar a leer el periódico observé con curiosidad a mi alrededor. Éramos ocho personas separadas en tres grupos diferentes. Por suerte, ningún niño. Todo indicaba que iba a ser una espera placentera… ¡qué iluso!

A los cinco minutos llegó otro grupo; un hombre, dos mujeres mayores, y una loca de atar. Ésta última en cuestión, llegó a la sala de espera de un hospital como el que llega al mercado, o a una peluquería, con el insoportable estrépito de su voz. Todo el mundo le miraba mal, pero nadie decía nada. Yo, que la tenía prácticamente al lado, le pedí por favor que bajase el tono, y asintió no sin protestar en voz baja con los suyos. A la media hora ella y sus nervios estaban golpeando una botella de agua contra la silla, como si de un niño enfadado se tratase, sin caer en la cuenta del lugar en el que se encontraba, y mostrando su falta de saber estar en los sitios. Por suerte la agonía ‘sólo’ duró dos horas. Le tocó su turno y se marchó para alivio de todos los presentes. Algunos incluso hacían comentarios una vez no estaba presente.

La gente seguía entrando en la sala de espera hasta que se llenó. Nadie, ni una sola persona, leía un libro. Había mujeres leyendo revistas del corazón, una chica joven relajando sus pies descalzos sobre uno de los asientos libres, y un hombre jugando a un videojuego con el móvil. Lo tenía enfrente, y aunque no pude ver su pantalla, sé que jugaba porque el sonido de su móvil así lo indicaba durante cada uno de los segundos que tuvimos que soportarle el resto de personas. Una vez más, nadie dijo nada. Yo esta vez tampoco. Me limité a mirarle fijamente hasta que conseguí que él hiciera lo mismo, y sin llegar a decirnos nada yo le dije que estaba molestando a los demás y él me dijo que le importaba un carajo. Y siguió a lo suyo.

Poco después entró por la puerta un chico de mi edad con traje y corbata, el pelo ‘rubio pollo’ y uno de esos bolsos para hombres. Cuando se sentó y metió la mano dentro del bolso, pensé que éste sí, por fin, alguien iba a sacar un libro. Aunque fuera el de Boris Izaguirre. Cuál fue mi sorpresa, señoras y señores, cuando vi una máquina de videojuegos de los años 90, de esas de doble pantalla y con más ruido por segundo si cabe.

En ese instante, ruido de móvil a un lado, ruido del clásico videojuego por el otro, lamenté profundamente no caer en la cuenta que para ir a una sala de espera de hospital, parece ser, hoy en día hay que ir provisto del mp3 y con los auriculares en el oído desconectar de todo lo que suceda a tu alrededor. Pero de haberlo hecho no habría tenido la oportunidad de escuchar mi nombre minutos después, y saber que la tortura llegaba a su fin. Ya podía ir a visitar a mi madre, pasadas las dos horas de una operación que en realidad sólo duró quince minutos.

Hoy tampoco voy a hablar de la pésima organización y funcionamiento de los hospitales públicos. Sólo he querido hacer una pequeña reflexión acerca de la mala educación y falta de respeto de algunas personas que esperan en una de las salas de espera, en este caso la que me tocó a mí. Será mala suerte, un mal día, qué se yo.

Siempre de frente

Otra vez a vueltas con los lunes negros, esa forma de comenzar las semanas.

Esta vez ha sido mi ordenador portátil el que ha dicho basta, y en medio de la biblioteca se puso a protestar en voz alta, haciendo un ruido estrepitoso. Al llegar a casa el ruido cesó, pero a los dos minutos, una y otra vez, el puñetero ordenador se apaga.

Hoy escribo desde el ordenador de sobremesa, y parece mentira que no acabe de acostumbrarme a escribir desde el teclado de toda la vida. Menuda diferencia. A todo lo bueno se acostumbra uno, y cuesta hacerse a la idea de tener que volver a adaptarse a los cambios.

Pero lo bueno ha sido que este fin de semana fue de lo más productivo. Por una parte ganó finalmente Rodolfo Chikilicuatre y nos representará en Eurovisión. Ya tengo ganas de verlo, y de reírme, por supuesto. El domingo también ganó Zapatero, como no podía ser de otra forma, y salvo Gaspar Llamazares y Carod-Rovira, el resto de políticos han ganado, a su manera, como siempre…

Pero al margen de los asuntos político-sociales, como decía antes ha sido un fin de semana de lo más productivo para mí. Volví a disfrutar de los calçots y una buena compañía, cerré planes de futuro inmediato y a medio plazo, reflexioné sobre las personas que me rodean, y la clase de personas que quiero y necesito cerca de mí.

Hoy, sin embargo, cabe recordar que se cumplen 4 años de la mayor masacre en nuestro país, donde 192 personas perdieron la vida en Madrid. Os cuento también que ya he reservado mi billete a Polonia para finales de mayo, lejos del frío y cerca de la vergüenza histórica, otra masacre aún mayor.

Ahora más que nunca es momento de conocer y valorar a las personas que siempre van de frente, que no son muchas, pero son las mejores.

Os dejo el verso de una canción de Ricardo Arjona: “El problema no es que digas, el problema es lo que callas”. Y también una canción de Rosana:

Votos y calçots



(Imagen de 'La Manzana Digital')


Por fin ha llegado el día más decisivo de los próximos cuatro años. Hoy toca votar y poner a cada político en su sitio. No te quedes en casa. Votar es gratis, además de un derecho fundamental que todos debiéramos ejercer.

Yo después del cafe, a las urnas. Y después, para celebrarlo y evadirnos del clima político que se va a respirar durante todo el día, a una calçotada entre amigos.

Feliz domingo :)

Tiempo



Si hay algo que el dinero no puede comprar, además del amor, es el tiempo. Pasa exactamente igual para todo el mundo, ricos y pobres, aunque cada persona lo viva, sufra y valore de diferente forma.

Si hay algo que sabemos hacer bien las personas, en ocasiones, es sentir que lo estamos perdiendo, al pensar que un segundo de nuestra vida no hay forma de recuperarlo.

Cuando creemos estar perdiendo el tiempo en cualquier cosa en realidad no lo estamos valorando. Por ejemplo, con las personas. Si para conocer a una gran persona, estadísticamente, antes hay que conocer al menos a otras cien que pasarán con indiferencia por tu vida, nunca el tiempo es perdido; que vayan apareciendo las próximas cien, yo tengo el saldo positivo para el resto del año.

Os dejo dos canciones al respecto. Por cierto, la autora de la imagen de arriba es Magdalena Silva: http://www.flickr.com/photos/magdalenasilvaf/



Apaga y vámonos

Ver, oír y callar. Resolver preguntas con más preguntas. Entenderlo todo y no entender nada.

Aprender a contar hasta diez, a leer las palabras más silenciosas, a dejar de perder el tiempo.

Atreverme a entrar en ese bar con un verso de Ismael Serrano debajo del sombrero y decirle a ela: “Quieta ahí; tus labios o la vida”. Y seguir durmiendo con la luz encendida, o apaga y vámonos.

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